Notas de Elena G. White

20 DE ENERO

ESCAPE DE LAS COSTUMBRES DEL MUNDO

Satanás vendrá a ti diciéndote: Tú eres un pecador. Pero, no dejes que él llene tu mente con el pensamiento de que, porque eres pecador, Dios te ha rechazado. Di le: Sí, yo soy un pecador, por eso necesito un Salvador. Necesito perdón, y Cristo dice que si voy a él no pereceré. En su carta leo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiamos de toda maldad”. 1 Juan 1:9…

En el momento en que te aferras de las promesas de Dios por la fe y dices: “Yo soy la oveja perdida que Jesús vino a salvar”, una nueva vida tomará posesión de ti y recibirás fuerza para resistir al tentador (En los lugares celestiales, p. 118).

Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios por esta maravillosa manifestación de un favor que no merecemos. Es el amor de Dios el que conduce el alma a Cristo para ser benignamente recibida y presentada al Padre. Mediante la obra del Espíritu, se renueva la relación divina entre Dios y el pecador. El Padre dice: “Yo seré Dios para ellos, y ellos serán para mí hijos. Ejerceré el amor perdonador hacia ellos, y derramaré en ellos mi gozo. Ellos serán para mí un tesoro peculiar; porque este pueblo a quien yo he formado por mí mismo manifestará mi alabanza (Nuestra elevada vocación, p. 79).

Las riquezas proceden del Señor y a él pertenecen. “Las riquezas y la gloria proceden de ti”. 1 Crónicas 29:12. “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos”. Hageo 2:8. “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados”. Salmos 50:10. “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Salmos 24:1) Es el Señor tu Dios quien te da el poder para obtener riquezas.

Las riquezas, por ellas mismas, son transitorias y poco satisfactorias. Se nos amonesta a no confiar en riquezas inciertas. “Las riquezas se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo” Proverbios 23:5.

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan”. Mateo 6:19 (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 602).

Hay continuas batallas que pelear y no estamos a salvo ni un momento a menos que nos coloquemos bajo el cuidado de Aquel que dio su propia vida preciosa para hacer posible que cada uno que crea en él como el Hijo de Dios, cuando se vea frente a la presión de la variada ciencia de Satanás, pueda escapar de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Es plenamente capaz, en res-puesta a nuestra fe, de unir nuestra naturaleza humana con la suya divina (En los lugares celestiales, p. 119).

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