Notas de Elena G. White

20 DE SEPTIEMBRE

PABLO ANTE LOS DIRIGENTES

Así como Pilato, siglos antes, permitiera que el orgullo y la popularidad le cerraran el corazón para que no recibiera al Redentor del mundo; y así como el cobarde Félix rechazara el mensaje de verdad, diciendo: “Ahora vete; mas en teniendo oportunidad te llamaré”, y así como el orgulloso Agripa confesara: “Por poco me persuades a ser cristiano” [Hechos 24:25; 26:28], pero rechazó el mensaje que le era enviado del cielo, así… cediendo a las instancias del orgullo y de la política del mundo, decidió rechazar la luz de la verdad (El conflicto de los siglos, p. 151 ).

Escuchémoslo [a Pablo] en la corte de Festo, cuando el rey Agripa, convencido de la verdad del evangelio, exclamó: “Por poco me persuades a ser cristiano”. Con qué gentil cortesía respondió Pablo señalando sus propias cadenas: “¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” [Hechos 26:28, 29].

Y así pasó su vida, según su propia descripción: “En caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez” [2 Corintios 11 :26, 27].

“Nos maldicen –dijo–, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos”. “Como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” [1 Corintios 4:12, 13; 2 Corintios 6: 10] (La historia de la redención, p. 328).

Hay una prueba que está al alcance de todos, del más educado y del más ignorante: la evidencia de la experiencia. Dios nos invita a probar por nosotros mismos la realidad de su Palabra, la verdad de sus promesas.

Él nos dice: “Gustad y ved que Jehová es bueno” [Salmo 34:8] En vez de depender de las palabras de otro, tenemos que probar por nosotros mismos. Dice: “Pedid, y recibiréis” [Juan 16:24] Sus promesas se cumplirán. Nunca han faltado; nunca pueden faltar. Y cuando nos acerquemos al Señor Jesús y nos regocijemos en la plenitud de su amor, nuestras dudas y tinieblas desaparecerán ante la luz de su presencia (El camino a Cristo, p. 112).

En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa. “Toda la Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñanza, para reprensión, para corrección, para instrucción en justicia; a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, estando cumplidamente instruido para toda obra buena” [2 Ti moteo 3:16, 17, VM] (El conflicto de los siglos, p. 11 ).

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