Notas de Elena G. White

17 DE JUNIO

LO PRIMERO ES LA FAMILIA

[L]os que tienen hijos debieran manejar de tal manera sus asuntos domésticos y sus negocios que nada pueda interferir entre ellos y los hijos para disminuir la influencia de los padres en llevarlos a Cristo. Debéis enseñar a vuestros hijos la lección del amor de Jesús, para que sean puros de corazón, conducta y conversación…

El Señor obraría sobre el corazón de los hijos si los padres tan solo cooperaran con los agentes divinos, pero él no tratará de hacer lo que os ha sido asignado como vuestra parte de la obra. Padres, debéis despertar de vuestra somnolencia mortal (Conducción del niño, p. 447).

Como obreros para Dios, nuestra obra ha de comenzar con los que están más cerca. Debe principiar en nuestro propio hogar. No hay un campo misionero más importante que éste.

Necesitamos fervor misionero en nuestros hogares para que podamos presentar la Palabra de vida delante de los miembros de nuestra familia e inducirlos a buscar un hogar en el reino de Dios.

La dirección e instrucción de los niños es la obra misionera más noble que cualquier hombre o mujer pueda emprender (Conducción del niño, p. 449).

El servicio que se hace para Dios incluye el ministerio personal. Mediante el esfuerzo individual, hemos de cooperar con él en la salvación del mundo. La orden de Cristo: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura”, [Marcos 16:15] se dirige a cada uno de sus seguidores. Todos los que sean investidos para una vida semejante a la de Cristo, han de trabajar por la salvación de sus prójimos. Su corazón latirá al unísono con el corazón de Cristo. Se manifestará en ellos el mismo anhelo por las almas que él sentía. No todos pueden ocupar el mismo lugar en la obra, pero hay un lugar y una obra para cada uno.

En la antigüedad, Abrahán, Isaac, Jacob y Moisés, con su humildad y sabiduría, y Josué con sus diversos dones, fueron todos empleados en el servicio de Dios. La música de María, el valor y la piedad de Débora, el afecto filial de Rut, la obediencia y fidelidad de Samuel, la firme fidelidad de Elías, la suavizadora y subyugadora influencia de Eliseo, todas estas cualidades se necesitaron. Así también ahora, todos aquellos a quienes Dios ha prodigado sus bendiciones, han de responder con un servicio verdadero; ha de emplearse cada don para el adelanto de su reino y la gloria de su nombre (Palabras de vida del gran Maestro, p. 242).

Cristo seleccionó primero a unas pocas personas y les pidió que lo siguieran. Ellos fueron entonces a buscar a sus familiares y conocidos y los llevaron a Cristo. Esta es la manera en que hemos de trabajar. Unas pocas almas ganadas y bien establecidas en la verdad serán, como los primeros discípulos, obreros en favor de otros…

No descuidemos la tarea de hablar a nuestros vecinos y de hacerles todo el bien que podamos… Necesitamos buscar el espíritu que impulsaba al apóstol Pablo a ir de casa en casa, suplicando con lágrimas, y enseñando “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Reflejemos a Jesús, p. 237)

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