Notas de Elena G. White

LUNES 22 DE ABRIL

LA VIDA DE SOLTERO

Una de las señales de nuestro tiempo, como fue en los días de Noé, es la pasión imprudente y los casamientos apresurados. Satanás está en todo esto. Si Pablo pudo permanecer solo, y recomendó a otros lo propio para que pudieran permanecer totalmente en el Señor, ¿por qué no mantenerse como se mantuvo él, evitando así los cuidados, las pruebas y las amargas angustias tan frecuentes en la experiencia de quienes optan por la vida de casados? Aún más, si él eligió permanecer así y pudo recomendar lo mismo a otros hace 18 siglos, ¿no será ahora recomendable -como lo fue entonces como conducta para quienes aguardan la venida del Hijo del Hombre, a no ser que hubiera evidencias incuestionables de que mejorarían sus condiciones y se aseguraran el cielo? Cuando hay tanto en juego, ¿por qué no situarse siempre del lado seguro? (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 281).

Amemos a Dios sobre todas las cosas y no permitamos que nada se interponga entre nosotros y nuestro Dios. Debemos prestar atención a la luz que Dios ha permitido que brille sobre nuestro camino; debemos mostrar delante de todo el cielo que apreciamos cada rayo de luz, debemos reflejar esa luz sobre otros. Somos responsables delante de Dios de nuestra influencia. Aun si se nos obliga a estar aparentemente solos, no estamos solos, porque Cristo está con nosotros para animarnos, fortalecernos y bendecirnos. Conoce cada deseo de vuestro corazón, cada propósito de vuestra alma. Dice: “No os dejaré huérfanos: vendré a vosotros”. Juan 14:18. Creamos que Dios hará como ha prometido (A fin de conocerle, p. 205).

Dios es nuestra fortaleza. Debemos buscar en él sabiduría y dirección, y teniendo en vista su gloria, el bien de la iglesia y la salvación de nuestras propias almas, debemos vencer nuestros vicios dominantes. Debemos procurar individualmente obtener nueva victoria cada día. Debemos aprender a permanecer en pie solos y depender por completo de Dios. Cuanto antes aprendamos esto, mejor. Descubra cada uno en qué fracasa, y luego vele fielmente para que sus pecados no lo venzan, antes bien, obtenga la victoria sobre ellos. Entonces podremos tener confianza para con Dios, y se ahorrarán muchas dificultades para la iglesia (Primos escritos, p. 105).

Dios no desea que quedemos abrumados de tristeza, con el corazón angustiado y quebrantado. Quiere que alcemos los ojos y veamos su rostro amante. El bendito Salvador está cerca de muchos cuyos ojos están tan llenos de lágrimas que no pueden percibirlo. Anhela estrechar nuestra mano; desea que lo miremos con fe sencilla y que le permitamos que nos guíe. Su corazón conoce nuestras pesadumbres, aflicciones y pruebas. Nos ha amado con un amor sempiterno y nos ha rodeado de misericordia. Podemos apoyar el corazón en él y meditar a todas horas en su bondad. El elevará el alma más allá de la tristeza y perplejidad cotidianas, hasta un reino de paz (El discurso maestro de Jesucristo, p. 16).

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