Devoción Matutina Para Adolescentes

06 DE AGOSTO

¿A QUÉ HUELE EL EVANGELIO?

“A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero a cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en el cielo” (Mat. 10:32, 33, NVI).

Cómo te sientes cuando tienes gripe o resfriado? Fatal, ¿verdad? No te dan ganas de comer, ni de salir ni de hablar… incluso la luz te molesta, y el más mínimo ruido. Lo único que quieres es acostarte en tu camita, y que nadie te moleste. Lo mismo me pasa a mí. Si te fijas, cuando tenemos gripe o resfriado casi no podemos oler nada. La mucosidad que nos llena por dentro la nariz es mayor de lo normal, y eso hace imposible que podamos percibir los olores y los sabores de las cosas. Por eso también nos da menos hambre, porque por muy bien que huela el exquisito almuerzo que han preparado mamá o papá, no nos llega el aroma y no nos tienta.

¿Sabes una cosa? Vivir de acuerdo con el evangelio también tiene un “olor” peculiar, solo que a veces no queremos desprenderlo, y obligamos a los demás a sufrir de “gripe espiritual”. Sí, ya sé que me acabo de inventar esta expresión, pero es porque refleja muy bien lo que sucede. Verás, ser cristiano significa hablar, comportarse y vivir de una determinada manera. Cuando somos cristianos, los demás se dan cuenta porque el olor que desprendemos es un aroma a espiritualidad. Pero, a menudo no deseamos que los demás se enteren de que somos adventistas. No queremos que se den cuenta de nuestra religión, porque tal vez nos rechacen, piensen que somos anticuados, o no quieran hacerse amiguitos de nosotros porque somos unos “santurrones”… Entonces intentamos disimular el aroma que desprendemos, para que nadie olfatee en qué creemos. Queremos que todos se enfermen de una gripe, que les impida detectar nuestro perfume a cristianos.

Cuando hacemos esto, estamos impidiendo que los demás perciban el maravilloso aroma de Jesús. En realidad, los estamos dejando en una gripe espiritual, en lugar de sanarlos con el evangelio. En nuestras manos está el desprender ese olorcillo que permita a nuestros amigos conocer un poco más a Jesús, y sanarse de la gripe espiritual que padecen. El cristianismo tiene un perfume característico, y somos los cristianos quienes debemos hacerlo notar.

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Narrado Por: Esther Salgado
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017
Fusión
Por: Melissa y Greg Howell, Seth Pierce

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