Devoción Matutina Para Damas

12 DE DICIEMBRE

¡PERTENECIENDO!

“Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos” (Rom. 14: 8).

Pertenecer a una familia es un privilegio precioso. Al reflexionar en una experiencia que sucedió a mis abuelos por parte de mi padre, recuerdo. Cómo Dios dirige y guía nuestras vidas, y que pertenecemos a él. En 1901, junto con sus padres y hermanos, tomaron la decisión trascendental de emigrar desde Freudenthal, Rusia, a los Estados Unidos. Viajaron entrena Bremen, Alemania, donde pensaban tomar un barco hacia Estados Unidos.

Mis abuelos acababan de tener un bebé y lamentablemente, enfermó mientras viajaban entren. Por esto decidieron quedarse en Bremen, con la esperanza de que el bebé se recuperara, pero animaron a sus padres y hermanos a seguir con los planes; lo cual hicieron. Cuán difícil debió haber sido despedirse y ver ese barco zarpar sin ellos, sin saber lo que les depararía el futuro.

Tristemente, luego de solo 18 días de vida, el bebé falleció y fue enterrado en Alemania. Mis abuelos, desolados, decidieron continuar con los planes de navegar hacia Estados Unidos y unirse a su familia. Abordaron el Kaiser Wilhelm der Grosse, y llegaron a la Isla Ellis quince días después de sus padres y hermanos. Desde allí viajaron entren a Colorado. Cuando el tren finalmente llegó a la estación donde pensaban que sus padres se encontrarían con ellos, no había nadie. Esperaron y esperaron y esperaron., finalmente, se preocuparon por haber bajado en la estación equivocada, sin dinero para continuar el viaje. Cuán temerosos debieron de haber estado. Ambos lloraron amargamente. Todavía en duelo por la muerte de su querido bebé, habían soportado un largo viaje cruzando el océano, un duro viaje cruzando la mitad de los Estados Unidos; todo, para terminar en la estación de tren. Solos. Por supuesto, no hablaban inglés, así que no podían pedir ayuda. Luego de esperar la mayor parte del día, sus padres finalmente llegaron. ¡Qué aliviados y felices estaban! Fluyeron lágrimas de gozo. ¡Qué reencuentro! Sus padres habían recibido información equivocada sobre el horario de llegada del tren.

Siendo un hijo del Rey, perteneciéndole a él, no habrá decepción. Él vendrá por nosotros. Pertenecemos a él, y él estará en el “lugar adecuado en el momento adecuado”. Qué gran reencuentro será ese. ¡Alabado sea Dios!

GINGER BELL

Narrado por: Alba Charri
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